En setiembre el afiche del Balagán no era muy claro: Noviembre-Chepe centro, no era una información convencional para anunciar una… ¿obra de teatro?... Grettel lo había pegado en una esquinita, en la pizarra de la escuela. Tampoco fue clara su explicación sobre que era la vaina ni en que consistía la propuesta sobre trabajar con ellos, pero los 12 voluntarios ya habían levantado la mano antes de que ella acabara de dar tan ambigua información. Yo no era parte de esos 12 hasta el día anterior a la primera reunión para el trabajo, sobraba un campo, no dudé en levantar la mano porque fue como esos momentos de impulso meramente irracional, en que la mano parece que se levanta sola o el cuerpo actúa casi por inercia, en fin. Cancelé algunos planes ese sábado por ir a la reunión, y ese fue precisamente el primer día en que me di cuenta que estaba pisando terreno peligroso… A las 9 había que estar en la casa de los directores, a la 1 en la escuela para ensayar y más tarde reunirme para otro trabajo en grupo de teatrología, y desde ahí empezó a posarse en mí “la nubecita”. También todos empezamos a comprender que era incomprensible la vida de nuestra querida profesora; que se divide como en mil pedazitos cada día, para poder estar en todo lo que está y ESTAR realmente, y al menos yo empecé a admirarla muchísimo por eso.
Montar toldos era solo un adelanto de lo que teníamos que hacer, porque el día del primer ensayo solo nos habían advertido sobre estos y “los arturitos” que estoy segura, cada uno tenía una imagen muy lejana a lo que significaba realmente un arturito. Entonces vino la aventura de la calle y los “abanderados de hogares crea” (ese fue uno de los tantos nombres que llegó a mis oídos respecto a mi función) El primer día claro que yo no entendía nada, no sabía si las actrices me seguían, si yo las seguía a ellas, no sabía quién era Lulú, ni las demás, por dicha Roxana y David siempre estuvieron ahí, y POR DICHA era nada más un ensayo, bien inocente. Desde ese primer día nos siguieron ese grupito de niñas (un poco metidas pero fieles al asunto), no recuerdo ni un solo día que hallan faltado. Y todos empezamos a asumir roles según capacidades, según el trabajo que escogían (yo decidí ser banderita con Gabi), y un rol muy interesante, difícil y extraño que adquirimos sin darnos cuenta, era el de informar a la gente preguntona sobre que era lo que iba a “pasar aquí”, entre mmm(s)... este(s)… bueno(s)…formulábamos una especie de explicación no muy clara, a veces llegaban a nuestros oídos explicaciones de los que “si sabían” o si no llegaba César el productor a salvarnos la tanda. Con el tiempo todos fuimos elaborando nuestras propias definiciones y explicaciones sobre el fenómeno, que ocurriría a las 7pm o el domingo a las 5.
Otro detalle relevante para mí: Convivir, habitar, coexistir!!! Con la plaza de la Cultura, como buena herediana (persona que ama su “ciudad” y no suele frecuentar San José) cosa desagradable para mí: el olor permanente a POLLO, la cantidad infinita de personas, que no son solo personas, son personitas-humanitos-gentes que parecen caricaturas-hombrecitos-mujercitas, *tribus urbanas* y por ende cientos de circunstancias, imágenes e información que arrojan a quien se detiene a mirar durante algunos minutos y se llena la boca y las manos para contar posibles historias acerca de ellos. Y entendí que era cierto, que en Heredia NO pasa NADA (por dicha)
F|° Rella
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